- 12 de junio de 2026
- Prensa
Gobernanza anticipatoria: capacidades estatales para un mundo en transformación

América Latina y el Caribe, y el mundo en general, enfrentan una paradoja cada vez más evidente: los Estados reaccionan constantemente a los desafíos globales, pero pocas veces logran anticiparlos. Pandemias, crisis climáticas, tensiones geopolíticas, disrupciones tecnológicas y transformaciones productivas muestran que el principal desafío no es solo administrar el presente, sino desarrollar capacidades para gobernar el futuro.
La pandemia de COVID-19 constituye quizás el ejemplo más evidente de los costos de la falta de anticipación. Durante años, organismos internacionales y centros especializados habían advertido sobre la posibilidad de una pandemia global asociada a enfermedades zoonóticas. Sin embargo, en la mayoría de los países las capacidades institucionales para monitorear riesgos, coordinar respuestas y asegurar cadenas de suministro estratégicas resultaron insuficientes. La experiencia demostró que las crisis no siempre surgen de manera inesperada; con frecuencia emiten señales tempranas que requieren ser interpretadas e incorporadas a la toma de decisiones públicas.
Por ello, la gobernanza anticipatoria emerge como una herramienta estratégica para fortalecer la calidad de las políticas públicas y la resiliencia institucional. Su propósito es concebir opciones a través de la participación de diversos actores, basándose en un pensamiento a largo plazo, y construir capacidades para la prospectiva estratégica, la innovación colectiva y el aprendizaje adaptativo. Esto se logra al identificar señales tempranas de cambio, explorar escenarios posibles y tomar decisiones más informadas.
La región históricamente ha operado en “modo reacción”. Esto significa responder bajo presión a emergencias sucesivas, priorizando lo urgente sobre lo estratégico. El problema es que este modelo genera altos costos sociales, económicos, ambientales e institucionales: pérdida de capacidad preventiva, improvisación, fragmentación, desfinanciamiento y debilitamiento de la confianza pública. Anticipar implica cambiar la lógica de las instituciones, la sociedad y sus organizaciones. Significa incorporar pensamiento multitemporal, coordinación multiactor y capacidad de adaptación continua. También reafirma que los grandes desafíos actuales no pueden gestionarse únicamente desde horizontes políticos de corto plazo.
Algo similar ocurre actualmente con las transformaciones tecnológicas. La expansión acelerada de la inteligencia artificial, la automatización industrial y los cambios en la movilidad están modificando mercados laborales, sistemas educativos y estructuras productivas. Los países que comiencen a prepararse desde ahora con estrategias de formación de talento, innovación y adaptación regulatoria estarán mejor posicionados para aprovechar las oportunidades asociadas a estos cambios. A modo de ejemplo, la República de Corea ha incorporado capacidades de foresight tecnológico e industrial para identificar sectores emergentes, orientar inversiones en innovación y fortalecer su competitividad en industrias avanzadas. Caso contrario, aquellos países que esperen a que las transformaciones estén plenamente consolidadas enfrentarán costos de adaptación mucho mayores.
Uno de los aportes más importantes de la gobernanza anticipatoria es reconocer que el futuro no es un asunto exclusivo de tecnócratas. Por lo tanto, debe involucrar gobiernos, academia, sector privado, sociedad civil y organismos internacionales. La construcción de escenarios compartidos vigoriza la legitimidad de las decisiones públicas y mejora la capacidad colectiva de adaptación frente a contextos inciertos. Países como Finlandia han institucionalizado la reflexión sobre el futuro dentro de su arquitectura estatal. El parlamento finlandés cuenta con un Comité para el Futuro que analiza tendencias de largo plazo y sus implicaciones para las políticas públicas. En nuestra región, Chile y Uruguay han intentado realizar ejercicios similares.
A nivel internacional, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha comenzado a promover capacidades anticipatorias como parte de una nueva generación de políticas públicas. Naciones Unidas, incluso, ha incorporado la previsión estratégica y la cultura de futuros dentro de su agenda de modernización institucional “ONU 2.0”.
La discusión ya no es si debemos anticipar, sino cómo hacerlo. Esto requiere fortalecer capacidades técnicas, operativas, políticas y prospectivas (TOPP); crear sistemas de monitoreo y aprendizaje; institucionalizar ejercicios de futuros; y desarrollar culturas organizacionales más abiertas a la innovación y la incertidumbre.
En México, la CEPAL, en colaboración con la Secretaría de Educación de Tamaulipas, a través de El Colegio de Tamaulipas, realizó en Tampico la Reunión de Expertos “Capacidades para fortalecer la gobernanza anticipatoria en México”, un espacio orientado a fortalecer capacidades institucionales en prospectiva estratégica y la gestión de las transformaciones del desarrollo. Este encuentro reunió a los principales perspectivistas de México y permitió la difusión de la Guía Básica de Gobernanza Anticipatoria publicada por el organismo con el objetivo de avanzar en su aplicación en diferentes áreas del quehacer público.
En el marco de este encuentro, y como una acción de gobernanza anticipatoria, el Consejo Tamaulipeco de Ciencia y Tecnología (COTACYT) presentó el modelo colaborativo RED Tamaulipas, orientado a vigorizar las capacidades científicas, tecnológicas e institucionales. Este esquema promueve una lógica multitemporal que articula decisiones de corto, mediano y largo plazo, superando modelos reactivos y favoreciendo una gestión basada en la previsión, la anticipación y la resiliencia frente a desafíos emergentes. Por otro lado, este modelo articula esfuerzos entre gobierno, instituciones de educación superior, centros de investigación, sector productivo y sociedad con el fin de convertir retos prioritarios en agendas estratégicas de investigación aplicada y fortalecer la toma de decisiones sustentada en evidencia científica para impulsar un desarrollo más sostenible y una cultura de la innovación en Tamaulipas.
En un mundo atravesado por cambios acelerados, gobernar anticipando ya no es un lujo intelectual. Es una necesidad estratégica para construir sociedades más resilientes, sostenibles e inclusivas. La calidad del futuro dependerá, en buena medida, de la capacidad que tengamos hoy para imaginarlo, debatirlo y prepararlo colectivamente. Como fuerzas sociales del presente nos corresponde gestionar la transformación del futuro en el que queremos vivir.












